¿La crema anti-age no funciona?
Millones de dólares son los que invierten las empresas de cosméticos en promocionar sus fabulosas cremas “anti-age”, mediante el método de “antes y después”, nos hacen creer como podemos llegar a prevenir el crecimiento natural de las arrugas, simplemente por el hecho de ponernos una crema que sale varas decenas de dólares.
Claro que las mujeres siempre fueron un tanto susceptibles a esta asunto, si estas cremas realmente funcionaran, no existirían las viejas (al igual que las dietas que prometen bajar 10 Kg. en una semana). Sin embargo, más allá de esta leve sospecha, la mayoría de las mujeres usa estas cremas, sabiendo que no son mágicas, pero que sí pueden contribuir al cuidado y prevención del envejecimiento de nuestra piel.
Un estudio realizado en Gran Bretaña, ha venido a tirar por la borda la teoría de las cremas anti Age. Según un estudio desarrollado por la University Collage of London, el hecho de hacer una dieta rica en verduras frutas y cereales, o de aplicarse cremas contra los efectos de envejecimiento naturales de la piel, es totalmente en vano.
Para esto, sostienen que no hay una prueba clara de que estas cremas efectivamente frenen la aparición de las arrugas, funcionado así como una especie de elixir de la juventud. Esta investigación fue publicada en la revista “Genes and Development”.
En esta, se explica el porqué del surgimiento del mito sobre las cremas anti-age: en 1956 un grupo de científicos aseguró que el envejecimiento es causado por el daño celular que causan las formas reactivas del oxígeno, también llamadas radicales libres. Fue a partir de esto, que se comenzaron a crear fórmulas contra la reactividad del oxígeno, llegando de esta manera al surgimiento de las cremas anti-age.
Respecto al origen de los anti-oxidantes, los mismos pueden ser exógenos o endógenos, siendo los primeros aportados por alimentos naturales tales como frutas y verduras, y los segundos producidos por el propio organismo como un mecanismo de auto defensa.
En su tesis, los autores del estudio explican los motivos por los cuales nunca se llegó a hacer una teoría definitiva respecto a este asunto. Para demostrar esto, aplicaron un experimento a gusanos nematodos, una especie que más allá de su gran diferencia con los seres humanos, comparten con nosotros un gran número de genes. Además, debido a su corta vida, se torna más fácil estudiar el proceso de envejecimiento en un período corto.
Artículos relacionados:









